DE PAISAJES INTANGIBLES E IMPERMANENTES

Por: Harmida Rubio Gutiérrez

RESUMEN:

En este texto abordamos el paisaje como una imagen que se forma entre el entorno y quien lo experimenta. Intentamos profundizar acerca de cómo el paisaje impacta en la vida humana y cómo la experiencia de vida también repercute en la forma del paisaje. Para esto pensamos en el paisaje intangible, aquel que no sale en las fotos, las pinturas o las fotografías de satélite. Ese paisaje surgido de otras maneras de diálogo, maneras intangibles, impermanentes, pero existentes: Las epifanías, la memoria involuntaria y el silencio.

INTRODUCCIÓN:

¿Cómo impacta el paisaje en la vida humana? ¿De qué sirve reflexionar acerca del paisaje?
Existen muchas definiciones del concepto de paisaje, algunas más técnicas, otras más poéticas, pero todas involucran un entorno y alguien que lo percibe. Sin embargo, casi siempre que escuchamos la palabra paisaje, nos remitimos al entorno natural, y aparece en la mente la imagen de un lugar bello y extenso, pero no necesariamente es así.

El paisaje puede ser un ámbito hostil y desagradable y también puede ser un lugar reducido. Quienes se han dedicado a investigar sobre el paisaje, lo han clasificado en varios tipos: el natural, el urbano, el humano, el cultural. Sin embargo, existen muchos otros tipos de paisaje que van más allá de lo meramente visual: los paisajes sonoros, paisajes emocionales o paisajes políticos. Así, este concepto se abre en gamas diversas y amplias, abstractas y concretas, pero que siempre tienen que ver con la percepción. El paisaje se percibe y se interpreta.

No importa si es una habitación, una región o un país, es algo que impacta en nuestra experiencia. Trataremos entonces el paisaje como ese proceso que nos impacta desde afuera y nos va transformando en personas distintas. Es decir, el paisaje como algo intrínseco a las mujeres y los hombres, y que está incompleto sin la interpretación humana. También nos enfocaremos en la ciudad, campo de cultivo de múltiples paisajes en el siglo XXI.

Por ejemplo, en la ciudad de Oaxaca hay un cerro vigilante. Se llama San Felipe del Agua, la gente dice que el cerro está lleno de agua por dentro (de ahí su nombre); y que si un día se deslava, o si se fractura, el agua saldrá de sus entrañas e inundará toda la ciudad. El cerro observa a la ciudad y le recuerda que el tiempo corre, con un tic tac que no se oye pero que sus habitantes sienten latir. El paisaje no es sólo marco, sino forma de vida y entendimiento del cosmos en Oaxaca.

Sobre esos argumentos entonces nos moveremos, pensando en un paisaje que transforma a quien lo percibe y viceversa. Sin embargo, queremos centrar nuestra atención en lo intangible, ya que el paisaje ha sido mayormente abordado desde lo físico y material como principal elemento de entendimiento. Pero también queremos enfocarnos en lo impermanente, en esos paisajes que van y vienen, que no están ahí todo el tiempo de la misma manera. Así que queremos aquí reflexionar sobre otras maneras de comunicarnos con el paisaje y de entenderlo como algo más amplio, complejo y fascinante.

Estas otras maneras de dialogar con el paisaje intangible e impermanente son: Las epifanías, la memoria involuntaria y el silencio.

1.
Epifanías

“Hay ciertas experiencias que lo dejan a uno con la sensación de estar llegando a un sitio en el que todo parece confluir en la unidad, un sitio en el que experimentamos un golpe tan grande de la realidad que lo llamamos epifanía (…) epifanía es una experiencia mágica, mística, religiosa, donde la aparición de algo, nos permite tocar los límites de la divinidad, del universo.”
(Alatriste, Geografía de la ilusión, 2011, pág. 15)

Existe en la Ciudad de México un tianguis donde convergen muchos mundos. Se instala los sábados frente al metro Hidalgo en el centro histórico. En ese tianguis, se entrelazan: comics antiguos y nuevos, tarjetas de personajes y juegos de rol, muñecos de colección a distintas escalas, naves espaciales, video juegos, paisajes de la aldea de los hobbits y otras más, accesorios (cascos, guantes, lentes) para superhéroes de distintas partes del mundo, vendedores y compradores de muy distintas edades, en su mayoría varones; pero sobre todo, historias, muchas historias. En ese tianguis se vende, pero también se intercambia, se hace trueque como antiguamente en las ciudades prehispánicas o en la tradición árabe de la que somos herederos. Se intercambia algo de valor por otra cosa de valor similar La antesala a este tianguis es la red social de facebook1. Ahí, en una página a donde acuden los interesados, se empieza a ofertar la mercancía y la subasta comienza, hasta que vendedor y comprador llegan a un acuerdo y quedan de verse en este particular tianguis el siguiente sábado.

Y como si algo de complejidad faltara, al lado de ese tianguis, está un centro cultural, en el que, también los sábados a la misma hora y al aire libre hay eventos: conciertos, lecturas de poesía existencial, música folklórica. Ese lugar entonces, es un punto de convergencia de mundos diversos: fantásticos y cotidianos, urbanos y virtuales, cromáticos y sonoros, contemporáneos y de otras épocas, en el que por unas horas se crea una ciudad diferente. El resto de la semana ese lugar vuelve a ser plaza, calle y entrada al metro.

Así como este, otros tipos de mercados de México y del mundo son una especie de epifanías de la ciudad: Múltiples ideas, historias, personajes, imágenes, se dan cita en un lugar en un tiempo determinado y cobran vida en variadas escenas muy especiales en un solo acontecimiento. Van y vienen, aparecen y desaparecen.

Las epifanías se dan continuamente en la ciudad, en el territorio, pero no de manera continua. Algunas le ocurren a la ciudad misma y otras le ocurren de manera sorpresiva a quien la habita.

Aquellas que le suceden a la ciudad misma, ocurren cuando ella recoge en un mismo lugar-tiempo todos los elementos, imágenes e historias que se vinculan en organicidad, para que por unos momentos, sea otra. Un suceso, extraordinario o no, puede detonar la epifanía: Tal vez la llegada de un visitante, o cuando cae nieve en una ciudad en donde casi nunca nieva (Barcelona 2004 y 2010). O cuando un río seco vuelve a llenarse de agua en una ciudad desértica (Torreón 1991 y 2008), o cuando llueve y la ciudad adquiere colores distintos, como cuando la lluvia vuelve verde a Oaxaca, por la cantera de la que están hechos varios edificios y sus banquetas.

1 Volvió el PADRE NAZAS 2008

“Volvió el PADRE NAZAS; Por fin, llegó el agua”. Fuente: El siglo de Torreón (2008)

Por otro lado, las epifanías que le suceden a las personas son el producto de una amalgama de imágenes que se vuelven un paisaje especial. Existen lugares en la ciudad en donde una idea se cristaliza en la mente de un ser humano. Esa idea, compuesta a su vez de varias que convergen, está tejida de imágenes, muchas de ellas son paisajes.

Julio Cortázar, en una entrevista describe su ritual cotidiano de caminar por las calles de París, al encuentro de puentes, cafés, voces, historias e imágenes para sus cuentos y novelas. Gabriel García Márquez, cuenta a Elena Poniatowska, en el libro Todo México (Poniatowska, 1991), que el inicio de la novela Cien Años de Soledad, se le ocurrió manejando en el trayecto de México a Acapulco. Cortázar recolecta imágenes en la ciudad para posteriores epifanías, y García Márquez vive una epifanía en carretera.

Hay historias que están sembradas en la ciudad, en sus imágenes, que se guardan en la mente, para después estallar en conjunto en una epifanía de creación. Tal vez en el momento que observamos, escuchamos, sentimos, en fin, percibimos el entorno, no sepamos qué específicamente nos quieren decir esas imágenes. Quizás sepamos que hay algo importante en ellas o detrás de ellas, pero no sabemos a ciencia cierta qué es. La cuestión es que después de un tiempo, esas imágenes se incuban, para salir de nuevo en conjunto, vinculadas por una idea.

Es importante decir que no siempre la epifanía se da en lugares hermosos. Es muy probable que en ciertas ocasiones lugares tenebrosos, oscuros o muy feos, sean plataformas de epifanías: La ciudad de Tijuana, por ejemplo. Una ciudad que no es precisamente bella, pero que se ha llenado de historias, de producción artística, empresarial, cultural. A pesar de que urbanísticamente no es un ejemplo de belleza, Tijuana ha inspirado a varios artistas locales, que la resignifican con pinturas, publicidad local, grafiti y diversas manifestaciones de arte y diseño. Es como un lienzo de colores en el que se graban otras muchas imágenes recogidas en diversas ciudades del mundo o en internet.

Entonces, son estas epifanías de cada individuo y las que le suceden a la ciudad entera, que en gran parte, resignifican y forman paisajes.

2 Nieve en Barcelona

“Nieve en Barelona” Fuente: El bosue esrito. Blog de Feliz Hangelini.

2.
La memoria involuntaria:

Un día de verano, caminando por las calles de Xalapa, cerca del estadio xalapeño, escuché a lo lejos un fado, la música tradicional de Portugal. Ese fado, que se escapó de una casa del centro, explotó en mi cabeza y me trajo a Lisboa a la presencia. Así caminando por mi ciudad, empecé a revivir una noche en el barrio de la Alfama. No fue recordar, fue revivir. Escuchar, oler, sentir, incluso ver. Esa calle se transformó en Lisboa por segundos. No fue mi voluntad sino la casualidad la que hizo que mi memoria estallara en esas imágenes.

No sólo la vista o el oído son los portadores de la memoria involuntaria. Olfato y gusto son
especialistas en traer a la memoria, recuerdos que creíamos apagados. Cuando volvemos a oler o a comer algo que hace muchos años no nos encontrábamos, se detonan imágenes y reconstruimos ese pasado.

El olor particular de las iglesias, o el de la tierra mojada, o tal vez, el probar en un país lejano la comida que comíamos de niños. Todo eso son imágenes que se disparan para llevarnos a otro sitio y otro tiempo.

3 La magdalena multimedia

Fuente: Training hannel: La magdalena multimedia.

 

Es el efecto de la “magdalena de Proust”. Ahora mucha gente lo conoce como el efecto “Ratatouille”; gracias a una película del mismo nombre, en la que un crítico gastronómico prueba un platillo muy sencillo pero que lo
remonta a su infancia y lo hace llorar.

Rosa Montero en su libro “la ridícula idea de no volver a verte” dice que la memoria involuntaria es como una bomba en el alma. Hace que pasemos de la tranquilidad al espanto en un instante: “Cuando se te muere alguien con quien has convivido mucho tiempo, no sólo te quedas tú tocado de manera indeleble, sino que también el mundo entero queda teñido, manchado, marcado por un mapa de lugares y costumbres que sirven de disparadero para la evocación, a menudo con resultados tan devastadores como el estallido de una bomba”. (Montero, 2013, pág. 87)

Así entonces, el paisaje se tiñe, según el estallido de nuestros recuerdos. Para bien o para mal.

Ese mismo efecto de la memoria proustiana, la memoria involuntaria, aunque con un poco de trampa; se produce cuando regresamos a una ciudad en la que hemos vivido antes, cuando visitamos esos lugares en los que paseábamos de niños, donde aprendimos a andar en bicicleta o donde dimos nuestro primer beso. Nos llevamos a nosotros mismos como a un niño, que se le va a mostrar un espectáculo precioso. Así, nos acercamos a lugares del pasado, para ver si así sentimos algo de aquella maravilla que vivimos. Las dos, la memoria involuntaria y aquella buscada, pero que le pide en secreto a la involuntaria que se aparezca, son dos maneras que tenemos de reinventar el paisaje.

Esos recuerdos se aparecen en nuestra mente cada vez de maneras distintas, porque los inventamos. La memoria perfecta, intacta, no es posible en la mayor parte de los seres humanos. Los recuerdos son historias que se van inventando a partir de ciertas imágenes que nos han impactado.

Al respecto, Nicolás Amoroso, en su investigación “la ciudad de la imagen” afirma que la Ciudad se crea a partir de imágenes que quienes la habitamos vamos relacionando en nuestro interior para construir una urbe interna (Amoroso, 2008). La imagen a la que se refiere Amoroso no es solamente visual, una imagen puede ser un sonido, un olor, o una secuencia de percepciones. Dice además, que la eficacia de las imágenes se debe a que son “vestigio”, “reliquia y “representación” de la sensación.

Pero, existe otra cuestión. En la era de la información y la globalización, se construyen cada vez más y más espacios nuevos. Estos espacios nuevos, como los centros comerciales, los parques temáticos o los fraccionamientos cerrados, ¿encierran la misma magia que aquellos lugares del pasado que hacen explotar nuestra memoria involuntaria y construyen paisaje? Y por otro lado, ¿qué pasa con aquellos espacios que guardan recuerdos, que han sido transformados o eliminados, tanto como para borrar recuerdos felices como aquellos trágicos, o que se han modificado por causas ajenas a las intencionalmente simbólicas: como inundaciones, terremotos o guerras? ¿Qué pasará con la memoria involuntaria o no, cuando Venecia se hunda, si se hunde? Y el caso de Venecia es un caso especial, porque es memoria local y memoria mundial. Seguramente muchas parejas del mundo recordarán ahí su luna de miel, o algunos artistas, ciertas epifanías que los llevaron a concretar sus obras.

El paisaje entonces, en tanto memoria, se transforma continuamente.

3.

Silencio:

Podríamos pensar que en nuestras ciudades y territorios el silencio no existe. Todo el tiempo, a todas horas el sonido está presente. Aunque pudiéramos decir que en cualquier ambiente de la tierra siempre existe algún sonido, la ciudad es un laboratorio especial, los sonidos se superponen unos con otros en cada momento sin permitir muchas veces que un halo de silencio se abra paso. Las ciudades particularmente son bulliciosas, ruidosas, mitoteras por naturaleza.

En la ciudad, el sonido está todo el tiempo con nosotros. Tal vez sea por eso que cuando el silencio llega nos asombra, y nos deja ver por instantes algo que no habíamos percibido. Entonces, cuando el silencio se presenta, nos produce dos extremos de emociones: la paz o el terror.

En la ciudad de Xalapa existe un callejón muy hermoso que es un oasis de tranquilidad sonora, se llama La Sexta de Juárez. Está justo en el centro de la ciudad, entre dos de sus avenidas más antiguas: Úrsulo Galván y la Avenida Ávila Camacho. Este callejón es un cambio absoluto de atmósfera. Después del ruido de dos de las avenidas más transitadas de la ciudad, entre los anuncios de los comercios, los pregones de los vendedores, los estudiantes saliendo y entrando de las escuelas, los silbatos de los oficiales de tránsito y los cláxones de los automovilistas; uno dobla una esquina para entrar a la Sexta de Juárez y entra a una dimensión diferente. Primero, la angostura del espacio hace sentir que se está cruzando un portal, luego los escalones, los árboles que son intermitentes en el camino, la pendiente del recorrido y los colores de las casas, también hacen entender que no solamente el sonido ha cambiado, sino también el tiempo.

En los países árabes, un oasis es un lugar de alegría y a la vez de descanso, donde los viajeros hacen una parada para abastecerse de víveres y tomar aliento para continuar el camino. La Sexta de Juárez es, entre el mitote xalapeño, una especie de oasis, aunque no de absoluto silencio, pero sí de sonidos y ambientes que generan paz.

En la misma ciudad, en el año 2011 se vivió una situación que provocó el silencio en las calles. La guerra contra el narcotráfico estaba en su apogeo en México y Xalapa no estaba a salvo: en varias ciudades había patrullas y camionetas llenas de policías o soldados armados vigilando las calles, casi diariamente salían noticias de balaceras en alguna calle de la ciudad, el ambiente era, y muchas veces aún es, devastador. La situación llegó a su límite en los primeros meses del 2011, la gente asustada no quiso salir de casa.

A las ocho de la noche, ya las calles estaban desiertas, sólo se escuchaba el sonido de las hojas de los árboles, el pasar de uno que otro coche, las torretas de las patrullas, y algún caminar nervioso por las calles, junto con el propio. La ciudad oscura, literal y metafóricamente. En este caso el silencio levantaba la angustia y el terror.

Sin embargo hay veces que el silencio nos llega aún en medio del tumulto, del escándalo de voces. El escritor Walter Benjamin decía que en las grandes ciudades, algunas personas pueden aislarse por momentos de la “masa”; de que a pesar de que hay ríos de gente, automóviles, objetos que se cruzan diariamente envueltos en miles de sonidos, de repente se abre un espacio (y un tiempo) para la sorpresa, para lo distinto, como el silencio (Benjamin, 2010).

Así pues, en la ciudad tumultosa, ruidosa y mitotera, de vez en cuando, se abren hoyos negros, como los del espacio –sideral-, que absorben la energía del resto de la ciudad, para esclarecer la mirada de nuestro entendimiento en un maravilloso silencio. En paisajes internos fascinantes.

4.
Paisajes que van más allá.

Finalmente el paisaje es una amalgama de imágenes. Está conformado por convergencias de situaciones que cobran sentido, unidas.

Al respecto, la Dra. Johanna Lozoya, especialista en imaginarios e identidades, dice en una entrevista que le hice en el año 2013: En el mundo las múltiples miradas construyen, a partir de lo que imaginan, la realidad. “El mundo humano crea mundo”.

Pero no solamente el paisaje se forma de imágenes, también hay series de imágenes que forman narraciones, relatos. Esto va más allá. Cuando el paisaje está vinculado a historias, cobra una fuerza muy potente para quien lo experimenta. Así como lo hemos visto con las epifanías, la memoria involuntaria y el silencio. Así, las historias enlazadas a las imágenes que capturamos de la ciudad, o que la ciudad experimenta, podrían ser parte de la materia que moldea la forma de nuestro entorno. Tal vez podamos fijarnos en los lugares en los que sucede este tipo de diálogos con el paisaje.

Así que tal vez, de un modo más premeditado, como cuando voluntariamente llamamos a la memoria involuntaria, podemos vincular lo simbólico con la memoria, con lo narrativo, en el cruce de flujos de elementos significativos, de movilidad, de usos prácticos. O pensar en maneras de integración de ideas, que vinculen lo fantástico con lo probable, lo virtual con lo urbano, lo histórico con lo contemporáneo… para luego desmontarlo todo y reinventar de mejor manera, nuestros paisajes.

Leer más en: Espacio Vivido, Revista digital de Arquitectura y Arte


1. Puede consultarse una de estas redes con el nombre de Heroclix México dentro de Facebook. https://www.facebook.com/groups/343465873639/?fref=ts

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:
Alatriste, S. (2011). Geografía de la ilusión. México DF: Taurus.
Amoroso, N. (2008). La imagen anfitriona de la historia. . México DF.: UAM. .
Benjamin, W. (2010). Ensayos escogidos. Cuenco de plata.
Montero, R. (2013). La ridícula idea de no volver a verte. Barcelona, España: Seix Barral.
Poniatowska, E. (1991). Todo México tomo I. México DF: Diana

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s